Menos paro, pero persiste la mala calidad del empleo y aumentan los desempleados sin prestación

Menos paro, pero persiste la mala calidad del empleo y aumentan los desempleados sin ninguna prestaciónEl descenso del paro y el aumento de la afiliación a la Seguridad Social, en marzo, son  noticias positivas que no ocultan, sin embargo, otros aspectos negativos: la baja calidad del empleo creado (sólo 1 de cada 10 contratos ha sido indefinido y los contratos a tiempo parcial siguen ganando importancia) y que cada vez hay más desempleados que se quedan sin protección. Así, la tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo cae en 8 décimas, hasta el 55,7%, la más baja desde octubre de 2001. 

Además, sigue cayendo la cuantía media por beneficiario. UGT considera que es imprescindible reforzar las política activas de empleo para dar soluciones a los parados de larga duración y poner en marcha de una vez el Plan de Garantía Juvenil y el Programa de Activación para el Empleo y advierte que si no se cambian las políticas actuales, nos encaminaremos a un crecimiento desequilibrado e insostenible, y hacia una sociedad más injusta y desigual.

En el mes de marzo el paro registrado en los Servicios Públicos de Empleo se ha reducido en 60.214 personas, lo que supone el mejor dato de un mes de marzo desde 2002. En términos desestacionalizados, cae en 63.368, la mejor cifra de siempre. 

Por su parte, el número de afiliados medios a la Seguridad Social ha aumentado en el mes en 160.579 personas (104.360 eliminando la estacionalidad), lo que es también el mayor aumento de toda la serie histórica de afiliación. En definitiva, el mes de marzo ha traído menos paro y más empleo, y en cuantías relativas muy importantes, lo que son muy buenas noticias para nuestro mercado laboral y nuestra economía, y así hay que valorarlo. La paulatina reactivación de la actividad económica promueve una paralela mejoría del empleo. 

No obstante, aún resulta insuficiente y, sobre todo, posee importantes puntos débiles de negativas consecuencias que no deben ser ocultados: la baja calidad del empleo generado, las persistentes dificultades de los parados de larga duración para volver al empleo y la cada vez mayor expulsión de los perceptores de prestaciones por desempleo de nuestro sistema, aumentando los niveles de pobreza y el riesgo de exclusión social.

El paro registrado ha caído en este mes en ambos sexos (37.196 hombres y 23.018 mujeres), en los cuatro sectores (sobre todo en servicios, -49.024 parados menos, y aumenta entre el colectivo sin empleo anterior, en 8.611) y en todas las Comunidades Autónomas excepto en el País Vasco. Como dato negativo, ha aumentado el paro entre los menores de 25 años, en 2.088 personas. 

El número total de desempleados se eleva aún a 4.451.939 personas, una cifra que sigue siendo enorme y que desaconseja cualquier muestra de complacencia tras los buenos datos parciales de marzo. 

La calidad de los contratos realizados no mejora, en lo que es un rasgo característico de nuestro sistema laboral y una de las mayores evidencias del fracaso del modelo promovido por el Gobierno, basado en promover figuras contractuales precarias y de bajo coste. 

Este es un modelo insostenible, que retoma la peor dinámica de la etapa expansiva anterior, que finalizó abruptamente en 2008.

Así, y aunque el número de contrato indefinidos crece un 27,1% respecto de los realizados en marzo del año anterior, los temporales también lo hacen con fuerza, un 17,6%. El resultado es que solo uno de cada diez contratos ha sido indefinido en marzo, un porcentaje similar al constatado en los meses de marzo de años anteriores (por ejemplo, en 2013 fue del 10,1%, en 2012 el 11,1%, y en 2009 el 11,4%). 

A pesar de las reducciones de cotizaciones y del discurso del Ejecutivo, lo cierto es que nada se ha avanzado en cuanto a mejora de la contratación estable. La temporalidad es la norma y la estabilidad la excepción.

Además, los contratos a tiempo parcial siguen ganando importancia. En el pasado mes de marzo supusieron el 34,4% de todos los contratos realizados, es decir, que uno de cada tres contratos realizados lo son a tiempo parcial.

Esto no casa con las preferencias de los trabajadores, que lo que quieren mayoritariamente son contratos a jornada completa: la Encuesta de Población Activa refleja que más del 60% de los ocupados a tiempo parcial lo son porque no encuentran trabajo a tiempo completo, como desearían; ya hay 1,8 millones de trabajadores que trabajan a tiempo parcial en contra de sus preferencias. 

La parcialidad del empleo se está convirtiendo en una seña estructural de nuestro mercado laboral, y permite inflar las cifras de creación de empleo

Uno de los datos más preocupantes conocidos hoy es la nueva caída en la tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo en ocho décimas, hasta el 55,72% (datos de febrero, porque esta estadística lleva un mes de retardo respecto de la de paro registrado). 

Es la tasa más baja desde octubre de 2001. Desde marzo de 2010 la tasa de cobertura ha caído 25 puntos porcentuales; con el actual Gobierno ha caído 10,1 puntos. Además, sigue cayendo la cuantía media por beneficiario: en febrero de 2015 un perceptor medio cobró 50 euros menos al mes que dos años antes. 

Se trata de cifras inadmisibles, que reflejan la expulsión del sistema de prestaciones de buena parte de los desempleados, y que tiene un impacto indudable sobre el aumento de los niveles de pobreza y del riesgo de exclusión social en nuestro país, que han crecido de manera alarmante desde 2010, por el efecto conjunto de la crisis económica y las erróneas política de recortes y austeridad extrema aplicadas. 

En gran medida estos trabajadores expulsados del sistema de prestaciones son parados de larga duración, que llevan más de un año buscando empleo, y que son generalmente los que poseen más dificultades para volver al empleo. La EPA estima que éstos son el 61% del total de desempleados. 

Por ello es imprescindible reforzar las políticas activas de empleo, y poner en marcha de una vez el Plan de Garantía Juvenil y el Programa de Activación Empleo, que de seguir así, corren el riesgo de quedarse en proyectos fallidos.

En resumen, UGT se congratula de los positivos datos conocidos hoy de reducción del paro registrado y aumento de los afiliados a la Seguridad Social, pero muestra su preocupación por los evidentes indicadores que ponen de relieve un aumento de la precariedad laboral, la reducción de la cobertura del sistema de prestaciones, el incremento intolerable de la desigualdad y exclusión sociales y la inoperancia de las políticas activas aplicadas por el Gobierno. 

Nada de esto se solucionará por sí solo con el crecimiento económico, sino que son precisas medidas específicas insertas en una nueva política económica y laboral, que el Gobierno, hasta el momento, no parece asumir.

Con las políticas actuales, y pese a la bonanza aparente de algunas estadísticas, nos encaminamos hacia un crecimiento tan desequilibrado e insostenible como en la pasada etapa expansiva, y hacia una sociedad más injusta y desigual.

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